Sesión No. 16: “Los Libertarios y las lecciones del Golpe de Estado en Chile” de José Antonio Gutiérrez

Ponencia Sesión No. 16: “Los Libertarios y las lecciones del Golpe de Estado en Chile” de José Antonio Gutiérrez

LECCIONES HISTÓRICAS: Una reflexión anarco-comunista de la actuación popular antes, durante y después del golpe de estado del 73 en Chile

A grandes rasgos el documento se propone como una mirada crítica al papel de la “izquierda” chilena en tiempos del gobierno de Allende, por allá a comienzos de la década de los 70’; y de su actuación, desatinada o atinada, en el periodo dictatorial que da inicio el golpe de estado del  73. Es, además, un marco que muestra las condiciones históricas que producen el “surgimiento” de la tendencia anarquista en Chile a mediados de los años noventa. Una tendencia que aparece como la posibilidad de darle sostén teórico-político a la manifestación popular que se presentó en el gobierno Allendista con todos sus matices e inteligencias; que se apresó y se silenció en el imperio fascista-neoliberal de Pinochet; y que trató de salir, organizadamente, del foso oscuro de la opresión. Este documento se escribe en el año 2003, en el gobierno de Ricardo Lagos Escobar, y la primera denuncia que hace José Antonio Gutiérrez, el autor del texto, precisamente es contra uno de los slogans  de ese gobierno, el cual precisa un tiempo de reconciliación. Recordemos que Lagos (abogado y economista) fue el presidente de la Alianza Democrática, convergencia de diferentes grupos políticos que impulso la votación de NO a otros 8 años de gobierno de Pinochet y que puso fin “democráticamente” a la dictadura militar; pero que, por otra parte, en su gobierno (2000-2006) firma Tratados de Libre Comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y Corea. Un gobierno, como lo dice Gutiérrez, con disfraz de izquierda, que abre las puertas a la libertad comercial, como si éste fuera el ángel que trae consigo la igualdad y la justicia al pueblo entero. Así, ese llamado a la reconciliación, no es más, según Gutiérrez, que el llamado a olvidar la historia, a poner a todos los hombres y mujeres en una misma tabla rasa sin diferencias sociales y culturales, a decir que eso de la lucha de clases realmente no existe y que el “país es de todos y el futuro es para construirlo juntos”.

Si bien, a primera instancia –como un novio enamorado- convence, este discurso es otro más que intenta tapar la realidad concreta de la sociedad capitalista, la cual está basada en la explotación del hombre por el hombre y que, entre su nido de contradicciones, prospera la desigualdad material y la injusticia económica; que no basta la reconciliación, porque ésta sólo sería de palabra, pues la condiciones materiales de los sujetos (burgueses y obreros) representan la mayor contradicción de todas, a saber, la lucha de clases. Una lucha que es violenta y real, que la vemos en el alegato del pobre cuando no tiene que comer o en la ley aprobada en el parlamento burgués que reduce el salario mínimo al obrero. Contradicción que sólo desaparece violentamente, con la eliminación de las condiciones materiales de beneficio que hacen que exista tal desigualdad. Además, la reconciliación implica que las partes que se van a reconciliar acepten sus errores y comiencen de cero, con la intención de que todos halen para el mismo lado; por el contrario, lo que no reconoce este acto de reconciliación es que las partes representan una posición de clase, y que lo que hicieron, mal o bien, por ejemplo, las organizaciones sociales (sindicatos, colectivos barriales, etc.) es la manifestación de querer tener el poder en sus manos, de manejarlo a su antojo de clase. O que, por ejemplo, la dictadura militar corresponde a una reacción de la burguesía en su afán de restablecer el control que el gobierno de Allende, en algunos sectores, le había quitado. Así, esa reconciliación es una elucubración fantástica pues nada tiene que ver con la realidad objetiva de la sociedad, por tanto, irrealizable. Lo que es realizable y que realmente nos lleva a un mundo que tenga por base la igualdad y la justicia social es la abolición de las clases sociales por medios violentos.

Ahora bien, esa mirada crítica que propone Gutiérrez estará guiada por la explicación de lo  que él llama las lecciones que el Golpe militar y el proceso abierto el día 11 de Septiembre de 1973 han evidenciado a nuestros ojos y que marcan nuestras concepciones políticas más profundas. 

1. La primera de estas lecciones es la exposición de las dos tendencias básicas de revolución que se manejaban en el  momento: La Reformista y la Revolucionaria. (La primera fue concebida por el gobierno de turno y la segunda por el MIR y todos los procesos de base que se gestaron en ese respiro de represión). La primera de ellas es la que concibe un cambio de la sociedad desde adentro, es decir, creyendo que la revolución es un acumulado de reformas institucionales cuyo resultado será una nueva sociedad. Como bien dice Gutiérrez, esta concepción de transformación es de forma y no de fondo, pues mantiene la estructura base del capitalismo y lo único que cambia es el lugar de algunas piezas del andamiaje, pero éste sigue siendo el mismo. Esta tendencia reformista de la izquierda sigue reproduciendo las dinámicas naturales de explotación que se dan en el capitalismo. Luego, encontramos que eso que damos por nombre Poder Popular, para esta tendencia, que fue real y concreta en el gobierno de Allende, tiene un sentido táctico y que sólo representa un paso necesario para obtener el poder del Estado. Así lo expresa Gutiérrez: “le asignaban un rol sólo en la lucha contra el Estado, pero creían que éste (el poder popular) debería asumir su posición subordinada cuando el partido de vanguardia conquistara el poder.” De este modo, podemos encontrar reformas de todo calibre: Reformas agrarias, educativas, expropiaciones de empresas, etc.; pero seguimos viendo la misma democracia representativa, las condiciones materiales que distan a una clase social de otra siguen siendo las mismas, más bien sólo mucho más reducidas a causa de la arremetida burguesa que se manifestaba con sabotajes en los sectores de la producción y el comercio del país.

Por otra parte, la segunda tendencia de revolución está en contravía a la anterior, promulgando un cambio desde las bases del sistema, teniendo como consigna principal: “la organización directa del pueblo, en oposición del Estado y el Poder Burgués.” Precisamente destruyendo las condiciones que hacen que un burgués tenga poder: quitándole sus maquinas, sus propiedades privadas, las armas, convirtiéndolas en “propiedad” común de las necesidades verdaderas del pueblo, controladas por y para beneficio propio de este sujeto popular; por eso se parte desde la base, desde la mera acción directa de cada persona, de cada colectivo barrial, estudiantil, de cada organización sindical, de cada escuela popular: expropiando la actuación política del burgués y adueñándonos de nuestros problemas y de eso que llaman “lo político”. Se comienza, pues, construyendo conciencia de base; se comienza transformando las relaciones de producción que tienen por cimiento la explotación: se cambia por una que tenga como base el apoyo mutuo, el objetivo de solventar las necesidades básicas y concretas de determinada población, el trabajo colectivo: a cada cual su capacidad y cada quien su necesidad. Luego, para esta tendencia, el poder popular es un objetivo estratégico, más no una táctica. Su objetivo es: impulsar la construcción de procesos de base para gestar el poder obrero y popular. En esta lógica, no se espera el “permiso” constitucional para avanzar, sino más bien el impulso intuitivo del pueblo para actuar y construir.

2. La segunda lección consistió en la falla de subordinar la contradicción primaria (capitalismo – comunismo-libertario) a la contradicción secundaria (dictadura-“democracia”). La reacción burguesa a la dictadura militar de Pinochet, es un clamor por la descentralización de las fuerzas “políticas” y económicas; lo que piden es: ¡apertura económica! Los partidos políticos “opositores” a la dictadura se unen en una Concertación (por estas andaba nuestro amigo Lagos) y jalonan una suerte de protesta en contra de la dictadura, proponiendo como eje central de su propuesta el resurgimiento de la “democracia”. Es decir, como cualquier cambio de gobierno, el objetivo era cambiar de administración; la dictadura se convierte así, en “una” de las formas de gobernar de la burguesía. De hecho, como antes lo mencionaba, la dictadura es una reacción de la burguesía por partes del poder que se les ha ultrajado. Esta actitud es todavía más peligrosa que la izquierda reformista, pues si bien esta lucha por ciertos cambios sociales y económicos con la mirada hacia un socialismo, los demócratas sólo tienen la intención de quitar la dictadura como agente conductor. La una queriendo cambiar el sistema capitalista a punta de reformas y la otra queriendo mantener el sistema cambiando a su gobernante de turno. Esta lección nos recuerda que por encima de este cambio de roles de mando (que ni siquiera es revolucionario, sino más bien un movimiento táctico de la burguesía) está el cambio crucial y total del sistema. Que contra lo que se lucha no es ni más ni menos que contra el mismo Estado burgués y las relaciones de explotación que en la práctica cotidiana éste reproduce: en escuelas, universidades, familias, cárceles, hospitales, parlamentos, etc. Es decir, que el objetivo principal es buscar la síntesis de la contradicción entre capital y trabajo, destruir esta relación en un socialismo absoluto.

3. La tercera lección es, como muy bien lo dice el subtítulo, de pasar de la resistencia a la revolución. Al principio de este texto mencionaba que Gutiérrez ve que a los procesos de base que se gestaron y desarrollaron durante el gobierno de Allende y luego durante la dictadura de Pinochet les faltó cierta conducción programática, cierta base teórico-política sobre la que se guiaran, pues, como él lo dice, este movimiento y dinámicas populares surgieron espontáneamente (son reacciones intuitivas), son el reflejo de la cruda explotación, de la cruda injusticia social. Aquí recuerdo cuando hablamos de conciencia de clase en uno de nuestros estudios internos del grupo, cuando decíamos que todo obrero tiene consigo un espíritu de repudio hacia la explotación en su trabajo. Veíamos que espontáneamente el obrero al terminar la jornada laboral salía corriendo de su puesto de trabajo a buscar entretenimiento o descansar, pero nunca se queda a terminar el artículo que no alcanzo de producir. Lo que decíamos es que esas reacciones manifiestan la conciencia de clase que lleva consigo el explotado, sólo hay que seguir despertándolas y “dirigirlas” por las sendas de la revolución. Pues bien, si a estas conclusiones llegábamos, Gutiérrez va mucho más allá, pues las condiciones son distintas, existe cierta apertura para la actuación popular y de lo que se trata ya no es de sobrevivir de la acción directa de hacer alimento para toda la comunidad salga de donde salga, se trata, ahora, de expropiar los medios de producción (propiedad de la burguesía) y ponerlos al servicio del pueblo, al servicio de sus necesidades. Así es que encontramos que en el trabajo de base está el germen de la revolución.

4. La cuarta y última lección es que hay que tener cuidado con las alianzas policlasistas o mejor dicho alejarse por completo de ellas. Éste se convierte en un punto central del programa revolucionario, pues, si se tiene claro que trabajamos sobre la base de la lucha de clases, entonces, sabemos  cuáles son nuestros “enemigos” y cuáles nuestros “amigos”. Aquí la operación es sencilla, hay un grupo que explota y otro que es explotado; unos son la minoría y otros la mayoría. Por consiguiente, nosotros, compañeros, cobijados por nuestros principios revolucionarios tenemos un solo amigo, a saber, los explotados y explotados, los trabajadores y trabajadoras, pero no sólo ellas, sino también el resto del pueblo empobrecido, los que no trabajan y viven de la miseria. Por el contrario, no vamos con la minoría enriquecida. Eso, desde mi interpretación de las palabras de Gutiérrez, fue lo que faltó. Después de más de 15 años de dictadura la burguesía liberal decide emprender su “liberación”, por lo que surgen alianzas con todos los sectores de la población: obreros, comerciantes, empresarios, inversionistas, etc. La alianza duró poco, mientras se cambió de administración, todo volvió a la normalidad. Eso que se logró apunta de alianzas sólo benefició a una clase: la burguesa. La otra, la obrera, la popular, “volvió”, aunque nunca se ha ido de su sitio, a ser la misma explotada de siempre.

Finalmente quisiera expresar cuatro reflexiones que me deja este texto:

1.    Este texto nos invita a reflexionar la historia de forma crítica, a  vernos en la historia y corregir nuestros pasos cotidianos a partir del análisis. (Esa debe ser la síntesis concreta de ese análisis).

2.   Las experiencias históricas, así sean de otros países, representan la historia de un solo sujeto: de los explotados y explotadas del mundo entero, por tanto, nuestra visión no debe apartarse de ellas, pues representan un mismo interés de clase. Añadido a esto, lo que creo que se debe hacer es contextualizarlas y revisar nuestra propia historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s