Sesión No. 4: Bakunin. Dios y el Estado (II)

Ponencia Sesión No. 4: Bakunin. Dios y el Estado (II)

Introducción

Con el animo de continuar con las discusiones y reflexiones desarrolladas en la sesión pasada de nuestro seminario, presentamos a continuación algunas anotaciones sobre los conceptos centrales que Bakunin desarrolla en el capítulo sobre “El Principio del Estado” en su obra clásica e insigne Dios y el Estado. En este texto presentamos a manera de enunciados algunos de los conceptos mencionados mas arriba, para seguir abriendo y construyendo el debate.

Sobre “El principio del Estado”.

 1. La conquista es el punto de partida, el origen y la razón de ser de todos los Estados, de la forma Estado históricamente determinada. Desde las versiones mas arcaicas y absolutistas del gobierno político hasta la mas sofisticada idea de los Estados y democracias populares de algunas corrientes socialistas, pasando por los Estados democrático-constitucionales del liberalismo decimonónico, el Estado, como forma social permanece como un ente que debe su razón de ser a la conquista y por lo tanto a la subyugación de unos sobre los otros. Los Estados grandes, imperialistas ejercen de hecho la conquista, mientras que los pequeños sueñan con poder ponerla en práctica algún día; la diferencia entre uno y otro es de grado, pero no de fondo.

2. El Estado no es más que la organización del poder, y todo poder no tiene más fin que el dominio, la dominación y esta solo se hace más real y más efectiva cuando logra someter todo lo que se le obstaculiza, incluso a otro poder. Los poderes de dominación no se toleran entre si, son mutuamente incompatibles y solo coexisten cuando ninguno de ellos tiene la fuerza suficiente para destruir o derribar a sus competidores y semejantes. Un poder igual a otro, prueba que ninguno de los dos logra la omnipotencia, ninguno logra comprender todos los dominios de la vida y esto solo pone de presente la finitud del poder, su impotencia. Por consiguiente entre los Estados lo que existe es una guerra permanente, seguida de treguas mas o menos largas que solo le sirven para preparar sus fuerzas para confrontaciones venideras.

3. El Estado se presenta siempre como el objeto absoluto, el referente mayor a partir del cual se define lo moralmente bueno y lo moralmente malo. Sus epígonos declaran con cinismo que la razón de estado, su razón política, es diferente y superior a la razón y la moralidad del común de los humanos, esta por encima de ellos y sus consideraciones; dicen así mismo, que servir a los intereses de esta razón de estado, de esta moral política, incluso dar la vida por ella es un acto generoso, porque para ellos no hay nada mas altruista, perfecto, absoluto e incuestionable que el Estado. De esta forma, el Estado puesto encima de la moralidad humana, de las personas corrientes y de la sociedad misma, se convierte en una especie de dios de sangre, la expresión máxima de lo sagrado y de lo incuestionable, mas allá del bien y del mal.

4. La relación compleja entre las dimensiones absolutas y relativas de la moral y la práctica humana. Bakunin es claro en que los absolutos universales, que comprenden a todas las especias, en todos los tiempos y en todas las regiones, son inválidos, metafísicos, contrarios a la experiencia y a la razón. En cambio el se pronuncia a favor de un absoluto restringido al ámbito de lo humano y por lo tanto, como la humanidad misma, tiene un carácter transitorio y provisional basado en un principio básico: “Que la esclavitud de un solo ser humano es la esclavitud de todos”.

5. Para Bakunin el ser humano es a la vez el ser de mayor desarrollo individual y el de mayor desarrollo social en la naturaleza. A diferencia de otras especies como las abejas o las hormigas en las que los individuos están tan absorbidos por la colectividad que valen nada para si mismos, los seres humanos son animales con gran libertad propia; esto es una característica que comparte con los animales feroces, de los cuales el ser humano es el mejor exponente. Sin embargo su humanidad, lo que lo diferencia cualitativa y fundamentalmente de los demás animales es que es instintiva y necesariamente sociable: Su inteligencia, aquella que lo hacen tan excepcional entre los demás seres, es un producto eminentemente social. Su pensamiento, su capacidad de formular conceptos y articularlos en un lenguaje, tienen como premisa la interacción con el mundo social.

Como consecuencia del anterior racionamiento, Bakunin, sostendrá que son las relaciones interpersonales de los seres humanos entre si, lo que define la personalidad de los individuos. Y de ahí se derivara su proyecto ético: Si alguien esta rodeado de esclavos, incluso los amos no pueden sino tener un reflejo de esclavitud en sus cabezas, ser esclavos ellos mismos. Por tanto, la condición necesaria para la libertad individual no es otra que el de la libertad de todas las demás personas, esto es, la libertad del resto de la sociedad.

 6. La premisa de la libertad social, al mismo tiempo individual y colectiva, es la base para la moral “humana” que propone Bakunin. Si bien este proyecto esta aun incompleto, ya diversas escuelas éticas han intentado desarrollar este precepto en sus concepciones particulares. Sin embargo su defecto capital, es que han separado artificialmente la libertad social en sus componentes primigenios, y por lo tanto han basado sus sistemas morales en ideas exclusivamente individualistas o exclusivamente “socialistas”. La antigüedad clásica sería entonces una manifestación de lo segundo, en donde los ciudadanos (que muchos y muchas no eran) inmolaban su libertad a favor de los intereses de la colectividad; mientras que el surgimiento de las religiones monoteístas, marcaría el surgimiento de lo primero, el individualismo, bajo el signo de la idea de los “pueblos elegidos”. Mientras que los dioses antiguos, de egipcios, griegos y romanos no eran sino la manifestación ideal, suprasensible, del culto al Estado, el dios monoteísta, del judeocristianismo, en cambio, brutalmente egoísta y mezquino no exigió nunca un culto distinto al de él mismo.

 7. Las religiones por lo general, sea estas seculares como el culto al Estado, sean estas trascendentales como la judeo-cristiana, no representan mas sino la decadencia, la negación de la moral humana: Al crear dioses no han hecho mas que arrojar a la humanidad a la decadencia, no han proclamado la solidaridad sino en el pecado y la conquista, al proclamar la salvación individual no han hecho mas que destruir la sociedad humana, el principio mismo de la inteligencia individual.

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